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El café se cultiva en zonas de altura con clima húmedo y suelos ricos en nutrientes, condiciones ideales para desarrollar granos de alta calidad. Tras varios años de crecimiento, los frutos se recolectan manualmente, eligiendo únicamente las cerezas maduras en su punto óptimo, lo que garantiza un mejor sabor en taza.
Luego de la cosecha, el café es trasladado desde zonas montañosas mediante métodos tradicionales como mulas o caballos, recorriendo caminos rurales. Este proceso natural evita el uso de maquinaria pesada y permite conservar la integridad del grano desde su origen.
Se realiza una selección manual detallada, donde se retiran granos defectuosos e impurezas. Posteriormente, se despulpa el fruto para extraer el grano y se somete a una fermentación controlada y completamente natural, sin químicos, lo que permite desarrollar y resaltar sus notas de sabor y aroma.
El café se lava con agua limpia para eliminar residuos, luego se seca de manera natural al aire libre hasta alcanzar su nivel ideal de humedad. Finalmente, se trilla para retirar la capa externa del grano, dejándolo listo para su transformación.
El grano verde se tuesta cuidadosamente para potenciar su aroma, color y perfil de sabor. Después, se muele según el tipo de preparación, asegurando una mejor extracción y experiencia al consumirlo.
El café es empaquetado en condiciones adecuadas para conservar su frescura y calidad, y posteriormente distribuido hasta llegar al cliente final, manteniendo todo su proceso artesanal, natural y de origen.